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Las emociones no son un lujo, sino un complejo recurso para la lucha por la existencia.

Antonio R. Damasio

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La Retornada

Con el tiempo perdí también aquella idea confusa de normalidad y hoy ignoro de verdad qué lugar es una madre. Me falta como puede faltarme la salud, un cobijo, una certeza. Es un vacío persistente, que conozco pero no supero. Me da vueltas la cabeza si miro dentro. Un paisaje desolado que de noche me quita el sueño y fabrica pesadillas en el poco que me deja. La única madre que nunca he perdido es la de mis miedos.

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¿Cómo te sentirías si a los 13 años, el que creías que era tu padre hasta entonces, un día te sube en el coche y viaja contigo desde tu ciudad a un pequeño pueblo y te deja allí con una nueva familia de escasos recursos a la que no has visto nunca? Esas personas desconocidas son realmente es tu familia, tus padres y hermanos. Ellos te dieron cuando eras un bebé y ahora los que han sido tus padres te devuelven allí sin ninguna explicación.

Así comienza esta novela, en medio del aturdimiento, desolación y tristeza de la protagonista. Son los años 70, un ambiente rural y una historia narrada por ella, La Retornada, que es como la llama todo el mundo. Un relato duro y triste que pone en relieve los problemas que pueden surgir de la falta de recursos económicos y de educación. En esa oscura casa no solo falta el pan en la mesa, hay carencia de muchas otras cosas que nada tienen que ver con lo material. Hay heridas que nunca cicatrizan y víctimas inocentes que solamente intentan sobrevivir.

Digna mención tiene la hermana pequeña de la protagonista: “Mi hermana. Como una flor improbable, crecida en un pequeño terrón pegado a la roca.”

Un libro que te hace reflexionar sobre la adopción, el tráfico de niños y la maternidad. Los sentimientos que una niña puede tener cuando descubre que la han dado a otra familia y en este caso se siente doblemente rechazada porque la “devuelven”, cómo puede afectar eso a la identidad propia de la persona. Ahora te quiero y ahora no me interesas.

Al final de su lectura también me ha me ha surgido otra pregunta: ¿Hay culpables o villanos en la historia o todos ellos son el resultado de la estructura de la sociedad que hemos creado nosotros mismos? Se podrían evitar tantas cosas de las que ocurren en el día a día …

 

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Los teatros eran tal como la gente se los podía permitir. Pero todos querían tener uno, porque eran oyentes y mirones apasionados.

Y cuando escuchaban los acontecimientos conmovedores o cómicos que se representaban en la escena, les parecía que la vida representada era, de modo misterioso, más real que su verdadera vida cotidiana. Y les gustaba contemplar esa otra realidad.

Momo, Michael Ende

Matemos al tío

Planear un asesinato no era nada divertido durante una noche oscura y solitaria como aquella, mientras tu única complice, una chica, probablemente estaba preocupada por si tendría o no el pelo rizado al día siguiente.

 

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Como propuesta para el club Viajar leyendo a autoras este bimestre se encontraba Rohan O’Grady, que es el seudónimo de June Skinner, una novelista canadiense. No salió elegido pero yo, que me adelanté al resultado de las votaciones, ya lo tenía y me apetecía mucho leerlo. Creo que ha sido una buena elección, lo he disfrutado mucho. De hecho me ha dejado tan buen sabor de boca (porque vaya tela con la profesora Haná) que pienso que al final no leeré el que salió ganador porque la temática me pone un poco nerviosa. (Por si te interesa el libro ganador ha sido Chicas Muertas de Selva Almada).

Y como de momento no quiero rendirme en esto de los 365 días de diario pero voy fatal de tiempo para ponerme algo más en serio con las no-reseñas (y con mil cosas más porque no me da la vida) hago una mini no-reseña y resumo lo justito por si a alguien le interesa la novela.

La apacible vida de los habitantes de una isla remota de Canadá se verá alterada con la llegada de un barco en el que viajan dos niños de diez años, Barnaby y Christie. Barnaby que se ha quedado huérfano recientemente y es heredero de una fortuna, llega desde un internado a pasar el verano con su tío, el que a partir de ese momento será su tutor. Christie irá a la isla los mismos meses y se hospedará con una amiga de su madre.

Los pequeños no han hecho muchas migas en el barco en el que viajaban solos pero una vez en la isla se verán obligados a convivir y ser compañeros de aventuras puesto que en ese lugar apacible y tranquilo solamente viven personas adultas y ningún niño.

Barnaby le confiesa a su compañera de juegos que está preocupado porque su tío quiere deshacerse de él para quedarse con su fortuna. Teme que los adultos no le crean, incluso el policía montado Coulter, y no ayuda demasiado a su credibilidad las travesuras que realiza junto con Christie. Los pequeños llegan a la conclusión de que la única opción que tienen es la de matar al tío, pues se trata de ellos o de él y en su plan macabro idean la manera de salir indemnes de ese asesinato.

Y aunque me gustaría hablar de algún que otro personaje peculiar que aparece en el libro, no desvelo mucho más.

Es una mezcla de novela negra, aventuras y comedia, aunque su humor es algo oscuro en algunas ocasiones pero es ameno de leer y los diálogos, la astucia e imaginación de los niños no tienen desperdicio.

Por último comentar que la edición de esta editorial y la ilustración de la portada me han encantado.

 

El sargento Coulter pensó que nunca había visto a una niña tan absolutamente repulsiva. Y no es que le gustasen mucho los niños de ningún tipo. Solo eran adultos en miniatura, y como tales, había que tenerlos vigilados.

 

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La luz de este jardín ya fue luz mía,
yo he cortado otra vez la misma rosa
y he mirado esta hoja silenciosa
caer del mismo tallo, en agonía.

¿Es que, en mí, esta rosa se recría
y esta luz se genera vaporosa,
esta hoja se mustia
y angustiosa se doblega esa rama?

Yo diría que un ayer consumido resplandece
en la profundidad de mi organismo,
y sube a mi corteza y reflorece.

Raíz de mi sustancia apasionada
que salta de un abismo a otro abismo
por eje de presente atravesada.

Lucía Sánchez Saornil

Al este del Edén

En medio de la duda, estoy seguro de que por debajo de las capas superficiales y exteriores de fragilidad, los hombres desean ser buenos y quieren ser amados. Verdad es que muchos de sus vicios no constituyen más que atajos que intentan abrir para llegar al amor. Cuando un hombre llega a las puertas de la muerte, no importa cuáles puedan haber sido sus talentos, su influencia y su genio, que si muere sin amor, su vida entera le parecerá un fracaso, y su muerte, un frío horror.

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Tengo pendiente la reseña, que haré en esta misma entrada en cuanto tenga tiempo. Así que le reservo este espacio a John y su Edén.